el diario reactivo de lara yarí --------al revés
porque vivo en el trópico, esta sección empezó y merece documentación. he aquí, mi verano, en resumidas cuentas a ver qué pasa y a resolver el enigma de los días y a reaccionar sobre todo, posiblemente . que viva la lectura, el dadaísmo y la incredulidad y tú, si tienes que ver algo con alguna de las tres (3) anteriores
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El obituario puertorriqueño se extiende

 

El Reverendo Pedro Pietri de la Iglesia de la Madre de los Tomates nació en 1944 en el pueblo de Ponce, Puerto Rico. A los tres años de edad su familia se unió a la ola emigrante hacia el Barrio Latino en Nueva York. Asistió a varias escuelas públicas y se graduó de escuela superior en Manhattan. Durante diez años trabajó en diferentes lugares, de los cuales se destaca la Biblioteca William Butler Yeats de la Universidad de Columbia, donde entra en contacto con la literatura y la lectura de autores contemporáneos, y comienza a cultivar el género de la poesía. En 1966 es reclutado por el ejército de Estados Unidos para servir en la Guerra de Vietnam durante dos años. 

Al regresar a Nueva York, en 1968, se adentra en la producción de su obra poética, principalmente oral. Entre el beat generation[1] y el poeta callejero Jorge Brandon surgen sus influencias que lo llevan a “escribir lo que la experiencia me dictara sin intentar impresionar al opresor”.[2]

Su primer poema, Puerto Rican obituary fue publicado varias veces en revistas antes de ser el plato principal del poemario que lleva el mismo título. En 1973, este conjunto de poemas “se convirtió en texto representativo de la literatura puertorriqueña de la diáspora y cimentó la popularidad de Pietri. (…) desarma el sueño americano para ofrecer una visión cruda, de corte surrealista, del inmigrante puertorriqueño en la urbe newyorkina.”[3]

Otros textos de Pedro Pietri están comprendidos bajo el género del teatro. Una de sus obras más importantes es The masses are asses, que se considera una actualización de lo que fue el teatro del absurdo, quizá una versión sobre la realidad contemporánea.

Su obra, original en inglés, ha sido traducida al español, italiano, entre otros idiomas. También ha sido incluida en diversas antologías de literatura latina en Estados Unidos y literatura puertorriqueña. Pietri grabó selecciones de sus poemas y el poemario Loose joints en dos discos, respectivamente. Otros de sus trabajos literarios circularon en sus presentaciones, curiosamente, a través de hojas sueltas y ediciones limitadas a cargo del autor o casas editoras “underground”. Por ejemplo, Invisible Poetry, un poemario ciertamente casi invisible que consiste de 22 páginas en blanco y un sobre donde se contiene el único poema.

El Reverendo Pedro Pietri era una persona muy peculiar, solía vestir completamente de negro en memoria de las víctimas de Vietnam, se destacó como poeta performero humorístico. Estuvo comprometido con la difusión de la literatura, además de sus presentaciones, ofreció conferencias y talleres de creación literaria en Puerto Rico y Estados Unidos. Fue maestro, estuvo ligado al Cultural Council Foundation de Nueva York, fue asesor de El Museo del Barrio, ofreció talleres de poesía para niños y colaboró, junto a otros poetas, en el establecimiento del Nuyorican Poets Café[4].

Pietri murió a principios del 2004 con 59 años de edad. La causa fue un cáncer de estómago el cual atribuyó a las emisiones del químico Agente Naranja por parte del ejército estadounidense durante la Guerra de Vietnam. Pasó sus últimas semanas recibiendo tratamientos en México y escribió la obra  “Traveling to Tijuana to smoke marihuana” sobre esta etapa de su vida. De camino a Nueva York, Pietri nos dio su final adiós desde las nubes. Hoy, el legado que nos dejó, sus documentos y manuscritos, yacen en el Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College.

Puerto Rican obituary irrumpe como un manifiesto tanto de un nuevo estilo de poesía como de un nuevo contenido, una nueva denuncia, una documentación de una realidad que parece diferente porque ha sido echada a un lado, marginada y olvidada hasta ser rescatada por Pedro Pietri, y otros autores de la diáspora puertorriqueña. Es un obituario que registra, no sólo la muerte de los cuerpos, sino la muerte de la identidad: patriótica y por consecuencia, la humana. Pietri nos muestra un estudio completo sobre todos los aspectos que comprenden la identidad y afectan su existencia. Nos deja ver su interpretación de lo que es identidad, cómo se pierde, qué ocurre después de perderla, a qué nos enfrentamos sin ella. Los lectores nos convertimos en testigos de cómo la muerte simbólica hace que la muerte literal, real, nos consuma la espera en el profundo vacío de conciencia y sabiduría donde vivimos.


Dead Puerto Ricans

Who never knew they were Puerto Ricans

(…)

They were born dead

and they died dead


El ritmo de Pedro Pietri es melodioso dramático, muchas veces intenso, repetitivo, rítmico natural pero de puro desespero. Sentimos y leemos las palabras de Pietri con cada rima forzada, cada frase con la que nos topamos una y otra vez a lo largo de sus estrofas y cada símbolo constante que se convierte en elemento de su discurso. El poema “Puerto Rican obituary” casi retumba en nuestras cabezas a través de estos recursos, es perfecto ejemplo colector del estilo característico tanto de su lenguaje como de su fluidez particular. La repetición de esos nombres tan comunes, cotidianos, cercanos, definitivamente nos envía un mensaje. El nacimiento de los inmortales boletos de lotería, televisores, números de seguro social, el “broken english”, la religión, la bandera, el dinero, el salario, las deudas, entre otros asesinos de la identidad, se establecen como constantes símbolos en la poética de Pietri.


To the united states we came

To learn how to misspell our name

To lose the definition of pride

To have misfortune on our side

To live where rats and roaches roam

in a house that is definitely not a home

 

Miguel

died hating Milagros because Milagros

had a color television set

and he could not afford one yet

Milagros died hating Olga because Olga

Made five dollars more on the same job


La longitud, organización y disposición visual en los poemas de Puerto Rican obituary es variada. Algunos, como “O/D” y “The last game of the world series” son largos (17 y 16 páginas, respectivamente) y tienen pocas pausas o divisiones en estrofas, como si nos contaran historias organizadas por capítulos. La organización y disposición visual en muchos de estos poemas ayuda a enfatizar lo más importante y refuerzan su impacto en el lector o relajan un poco la intensidad de la crudeza de su contenido. Pietri disloca frases, utiliza la cesura, separa en diferentes versos palabras que comprenden una misma categoría y repite versos no dos ni tres veces, sino muchas más.


They    napalm              vietnam

They     napalm              rice

They     napalm              children

They     napalm              hospitals


La colección de Puerto Rican obituary cuenta con un poema persona/ “persona poem” titulado “Suicide Note from a Cockroach in a Low Income Housing Project”, que describe la realidad desde el punto de vista de una cucaracha, símbolo de una minoría marginada: los pobres, los negros, los latinos, etc. La cucaracha narra todos los males que la han perseguido y nombra a los culpables: los humanos. El desespero se colma de denuncias en contra del dinero, el televisor, la religión, el hambre, la violencia y el pisoteo, literalmente. El formato que utiliza Pietri se inclina hacia el género teatral y  retumba como un desahogo catártico, nos acercamos tanto a la ira y al deseo efervescente de morir, lo escuchamos, nos imaginamos el majestuoso discurso de la cucaracha como devolviéndonos los pisoteos y patadas. Leemos una carta tan personal y sincera, a la misma vez cómica y juguetona que nos conmueve y nos hace reflexionar para convertirnos en defensores de ella.


I want to be

a million miles away from humanity

with their vanity and profanity

and insanity preachers preaching survival

for them and the hell with everybody else

 

I have never read the holy bible

I will never read the holy bible

Cockroaches in their right minds

will never go near the holy bible

Bible reading is a dangerous mission

Is like committing suicide to get to heaven


 En la poesía de Pietri hallamos tanto desconcertantes mensajes como intentos disimulados de devolvernos el orgullo, la identidad y elevar nuestra autoestima cultural. Poemas como “The B-52 Blew” y “To Whoever It May Concern” surgen a raíz de la experiencia del autor en la guerra de la cual fue participe por dos años e impactó su vida por siempre. La voz poética nos intercepta una y otra vez con imágenes simbólicas y literales de manera que nos encontramos en pleno campo de batalla, la confusión, la ironía y el perfeccionamiento de la barbarie reinan. Pietri utiliza nuevamente la repetición, las mayúsculas, íconos de la cultura estadounidense como el “general mickey mouse” y el “colonel donald duck”, quienes dirigen la condena de los inocentes en Saigón.


            I WANT YOU no experience necessary        knowledge

            of homicide rape discrimination and genocide

            are the only requirements you need to join

            the marines and become a man with two right balls


Sin embargo, nos topamos unos pocos poemas algo alentadores, por ejemplo “Poetry”, “Tata”, “Love Poem for My People” y “Para la Madre de Angel Luna”. En éstos se conservan rastros de la identidad puertorriqueña, y por ende humana, son un llamado, son diminutas pero tangibles esperanzas de ese encuentro con nuestras raíces escondidas, no asesinadas. En sus más serenos poemas Pietri recuerda su pueblo natal, Ponce, hace homenaje a su abuela jamás embriagada por el inglés, y a su amigo muerto en Vietnam quien deseó: “Si no regreso vivo/ diganle [sic] a mi madre querida/ que me entierren en/ la tierra de Borinken”. “Love Poem for My People” recoge aquellas distracciones que como anestesias adormecen y nos roban la identidad, el orgullo. Pietri nos hace despertar y valorar nuestras vidas y todo lo que podemos hacer con ellas, con nuestras manos sin la ayuda de nada ni nadie.

 

do not dream

if you want your dreams

to come true

 

if you want to feel very rich

look at your hands

that is where

the definition of magic

is located at


Pedro Pietri escribe sus letras de protesta en repudio a lo que les ha tocado vivir a los puertorriqueños engañados en la tierra, casa del enemigo. Pietri escarba en sus alrededores e ilustra con precisión las más crueles crudezas. Pero lo más inquietante de toda su poesía es la terrible vigencia que rige aun en el territorio que décadas atrás se salvaba con la protección del mar, ya no, el obituario puertorriqueño se extiende y las esquelas las vemos entrando por las costas de la isla. Ya el fenómeno no es puramente “nuyorican”, ni necesitamos emigrar para pasar por aquella crisis existencial de identidad, la bandera pie grande y los grandes verdes se han encargado de importarla a través de los accesibles televisores, la imposición del inglés como segundo idioma oficial, las megatiendas, las farmacias abiertas 24 horas, el Disney Channel, santa clós y san guivin, y así sucesivamente, ya no se pues pueden enumerar con los dedos de las manos.

Es muy sorprendente cuanto nos compete ese fenómeno lejano, antiguo que una vez se resumió al “american dream” de irse en búsqueda de un trabajo con mayor paga, primero del campo al área metro y luego del aeropuerto de Isla Verde a los “nuyores”. También es muy alarmante que ya no sean necesarios ni un viaje en guagua pública ni un pasaje de avión. Hoy Pietri nos deja su legado, todavía sin fecha de expiración, el que quiera que lo aproveche, que se dé cuenta, que no sólo se compadezca con las víctimas del obituario puertorriqueño, sino consigo mismo, que está al borde de ser asesinado y convertido en zombi pitiyanquizado.   


[1] Grupo de poetas estadounidenses que en la década del 1950 rompieron con la métrica y lo tradicional añadiendo ritmo y nuevos temas antes censurados a la poesía. Impulsó la liberación de la mujer, de los homosexuales y la lucha contra el racismo. 

[2]  Torres, Víctor Federico, Diccionario de autores puertorriqueños contemporáneos (San Juan: Plaza Mayor, 2009): 237.

[3] Ibid.

[4] Es el lugar que se convierte en foro promovedor de las artes, poesía, música, teatro, etc., desde el punto de vista puertorriqueño en el núcleo de la ciudad de Nueva York. Se fundó alrededor del 1973 por Miguel Algarín y otros poetas de la diáspora.

Se acababa el año mientras se nos acababa el tiempo… la noche echaba arrugas y nos envolvía en ellas. Un 29 de diciembre casi se nos escapa el momento y el amor se nos muere congelado. El silencio del vecindario era el único testigo de aquel juego de miradas evasivas, ignorantes de la más delicada verdad que pronto encarnaríamos. Tú y yo sentados en la acera, queriéndonos de lejos, separados por la brisa y el temor de decir algo sincero. Las manecillas del reloj y la alarma de la media noche sonando en mi cabeza, nosotros allí inmóviles esperando que alguno cediera su orgullo y diera el próximo paso.

Nos movimos al parque para apaciguar la situación, disminuir o posponer tensiones. En aquel banco, nuevamente cara a cara y de cara a la luna, allí lo acabaríamos.

Ese lugar tan mágico al que nunca volvimos, todavía guarda nuestro secreto y tus palabras que como rompeolas, rompieron mi hielo.

Jamás las recordaré exactamente, sólo sé que asentí, miré tus ojos contagiados con la oscuridad y me devolviste la mirada mientras se la devolvía a tus labios. Me habías pedido permiso y cuando te dije que sí no cruzaste tú, esperaste a que yo lo hiciera. Los segundos poco a poco aceleraban, me acelerabas, me dejaste desarmada y sin opciones. Tuve que hacerlo, perdí y gané en un instante. Ganamos los dos, mientras me deslizaba lentamente hacia tu paladar.

Desembarcadura


Llegamos y cumplía la mañana dos horas de vida, la que casi nos faltaba a nosotros. Tocamos orilla al son de las olas mientras su harinosa arena nos recibía. Las nubes parecían estar ausentes durante el transcurso de aquel evento, observé su aspecto difuminado, difundido, rasgado. Era un día curiosamente no muy normal, tampoco el viaje emprendido…

Recuerdo ayer martes, me encontraba con un amigo de esos con los que compartes poco pero, seguramente, en aprietos te ayuda o lo ayudas. Hablábamos con escasas palabras y más miradas, nos decíamos la rareza que arropaba nuestra ciudad: ese aire de monotonía, una falta de algo que no sabíamos qué era, algo que aun no tenía nombre y posiblemente no queríamos nombrar. Excavando en mi memoria encontré rastros de las antiguas formas de entretenimiento en aquella jungla que conocía como mi hogar. Sabía todos los nombres de las frutas que me rodeaban y podía identificar cada árbol que me cobijaba, hoy sólo podía nombrar las del supermercado y los dos o tres arbustitos que acompañaban el buzón. Reviviendo muertos, ignorando los colores, las luces, el ruido, la música y las llamadas, así pasaron las horas un martes casi cualquiera.

Sin cesar la melancolía y la lentitud de aquellos días, caminamos saliendo de aquel lugar. Por suerte, un extraño resplandor a lo lejos nos devolvió como brújula el sentido de dirección. Estábamos en la acera que bordeaba la playa y aquello que se asomaba entre la oscuridad era el reflejo de la luna en el mar alumbrándonos el pensamiento. Nos dirigimos hacia ella. Un cementerio de diminutas embarcaciones se posaba sobre la arena custodiando la costa. “¡Tentadora oferta!”, nos dijimos telepáticamente, lo leí entre el brillo de sus ojos y la anchura de su sonrisa. Sí, pensábamos lo mismo. “¿Vamos?” “Vamos.” Buscamos la menos diminuta embarcación, la examinamos, era perfecta como el misterio de la noche. Esas ansias, esas llamadas mariposas de las que reposan en la barriga de uno estaban allí… tras tantos inviernos sin emoción, habían regresado. Agarramos unos ancianos cansados remos y nos lanzamos hacia las puertas del mar, que a veces es traicionero, pero ya no, ahora estaba de nuestro lado y nosotros del suyo. Nos adentramos, diciendo adiós y deseándole un hasta siempre jamás al cementerio y a la ciudad contigua. Nos guiaba el rastro de la luna, sabíamos en el inconsciente que perseguíamos un tesoro.

Continuamos nuestra expedición desatándonos cada vez más de nuestras vidas sobre la tierra. Eran pocos los lazos que quedaban y demasiados los que dejábamos atrás. Estimamos el paso de cuatro horas y el camino seguía. “Estamos cerca”, pensé. Voy sintiendo ya el comienzo de unas cosquillas nuevas, otra felicidad nunca antes vista, pero quizá antes sentida… no sé. Nuevamente, veo la cara de mi amigo, vuelvo a leer sus ojos y su sonrisa. Qué sentimiento tan extraño. Quién lo hubiera dicho, quién lo hubiera pensado. Mientras más lejos estamos de lo que nos rodea, de esa costumbre que nos embruja, más nos acercamos a lo que sin duda alguna queremos ser. Solos. Por primera vez, me sentí dueño de mí, en común con la simpleza de lo que veo, el agua, el aire, este azul marino negro techo que nunca vemos porque andamos encerrados en el nuestro.

De regreso no dijimos nada, inundados por el silencio, devueltos a la vida, la que casi nos faltó por tanto tiempo, no murmuramos. Aquello quedaría adherido a la memoria como se hace con los verdaderos tesoros, los que no podemos tocar. La madrugada era consumida ya por el sol naciente y un aire renovante pero seco era el que respirábamos. Aquí algo anda mal pero eso es motivo para otra historia y otros días nos esperan.

Odia al ruido

Con el tímpano

            invadido

            violado

            tiranizado

deshecho, en pedazos

escribo estos versos

suplicando al diablo

que cuando me toque

que allá no haya

                        ruido

porque lo odio

cada vez que mis

orejas, mis oídos

impregnados

con ese bebé que da asco

cállate

o córtame el sentido auditivo

hazme sorda y muda

y que mis ideas se pudran

porque las tuyas

tampoco existen

entre la baba que sale de tu boca al vacío

no veo nada

 

y escupo esto a manera de manifiesto

con odio genuino

porque en la barriga de mi madre

no se escucharon ni sus/piros

 

las hojas callan mientras vuelan

la brisa acaricia su/surros

y el silencio me ha enseñado

no hay nada mejor

que hablarnos mirando

 

 

Ven, te digo ahora sin pizca de ruido:

para de gritar ya,

calladito te ves más bonito.

oda a los libros y varias costumbres más

Los libros: los primeros juguetes, incansables acompañantes e inevitables legados después de la muerte. Amo los libros por su lealtad. Desde que vives en la barriga, de cerca te arropan, sus palabras te cantan hasta en sueños terminar. Todas las imágenes en las que habrán de encajar, queridos libros, les paso las páginas como entrelazo mis dedos por tu cabello. Con soltura y delicadeza, con dulzura y sutileza, con la punta de mis dedos una caricia. Mirar, ver, captar, entender, tocar, escuchar, todo lo encuaderna la lectura. Imaginando historias, recreando memorias, leemos pensativos, de cuando en cuando, en retroceso. Libros, maestros incondicionales de vida, gracias por enseñarme, entretenerme y estimularme sin salario en horas extra.

Aguja, hilo, papel y tinta en Isla Negra

Él: Era cosista
Yo: Soy cosista

Neruda no era coleccionista
amo las cosas

porque siendo cosista
las palabras son cosas

podía coser las palabras
y las coso para amarlas.

Simbiosis, que te quiero, simbiótico

Toda relación humana de dos personas se compone equitativamente de dos partes diferentes: 50% y 50% de cada una, digo reafirmando con algo de redundancia. A veces nos preguntamos qué pasará por la mente de la otra mitad, qué sentirá, qué pensará, y más aún cuando con ansiosa curiosidad intentamos definir el tipo de vínculo que existe entre ambos: o sea, descubrir qué emociones se cruzan por la cabeza del otro cuando estamos juntos, qué deseos surgen, etc. Nos morimos por saber y olvidamos que en un principio, para sentar una base a lo que existe en el presente, fue imperativa la participación de un aparato comunicativo completo: un emisor y un receptor, independientemente de quién asume qué papel cuándo. Voluntariamente ambas partes se zambulleron en la misma piscina- accedieron a comenzar aquella relación humana que hoy aparenta estar indefinida. Si la comunicación se dio de la forma descrita- balanceada: alguien emitiendo y alguien recibiendo, podemos introducir el tema de la biología, química y esa transmisión de los sentimientos por medio de los sentidos. Aún no logro entender a cabalidad ninguna de las anteriores pero sí estoy segura de que existe un tipo de reacción que provoca que las emociones/los sentimientos/pensamientos se contagien (o pasen de un cuerpo a otro sin necesidad de la comunicación verbal, cuando la misma se demuestra el surgimiento de esta especie de fenómeno) mientras interactúan dos seres humanos. Biológicamente, químicamente y en términos de los cinco sentidos  deben existir explicaciones y quizá hasta documentación, por ahora no he investigado… y por ahora, hasta aquí llega mi humilde hipótesis o testimonio… o teoría o… lo terminaré un día de éstos.

un cuento para Caribbean Literature

“bicos ay wos

indominabal…

… an bi-in an

inováïtiv an

entelpraisin

bízniz man…

… ay, viúd laif

as a cóntest

bi-twin maiself

an feit…

Sínz ay was

extrimli welty

an may pókets

wer bótomlez

ay bigan tu

tink about…

…de Caríbian.”

“Yes, de Caríbian”

A few weeks ago I had a dream I saw the most beautiful piece of land floating peacefully in the middle of the ocean where it kisses de Caríbian. Little by little this image turned into a map and when I looked at my hand, a yellow chalk appeared between my fingers. Automatically, I started adding shapes in the landscape, and then continued drawing all these pretty features as if it was make-up on a young girl’s face. A pattern of palm trees from Hawaii over here all perfectly arranged rounding the seashore, two or three yachts for panoramic rides and one really big building: four floors, balconies everywhere, suites in the upper floors, rooms in the lower floors, full sized beds, coffee makers, TV’s, bathrooms, towels, all inclusive. The food is served at any of the five restaurants and a huge twelve feet deep pool with slides, trampolines, volleyball net, and so on, just a few steps away. Oh! And when the tourists and I get tired of all this Caríbian fever, I’ll cover the mountains at the center of the island with snow, fake snow, of course, but good enough to go skiing.

So I decided I would have it… and I did. Since my pockets were bottomless and my cash infinite, I picked one of the smallest islands of de Caríbian, then I bought a plane ticket to get there and finally sent an e-mail to the Mayor requesting a bu$ine$$ meeting with him.

From the plane I could see the sea moving like cake frosting carefully distributing itself on a very big chocolate muffin. I was so anxious I didn’t saw an end to it. I was really desperate. I wanted to see my island already. And my wishes came true, like magic, as if the full moon appeared suddenly on the lonely sky, my island was there wrapped up in a broad belt of virginal beaches sparkling along with white sand from Saudi Arabia. I just wanted to have it for me, forever, feel it every day with my five senses.

The first thing I did after leaving the airplane was ask some locals for the City Hall. Unfortunately, they all spoke in a language I don’t speak so I couldn’t understand a thing. I guess they didn’t understand me either. I continued walking, a little frantically searching… and then there it was:  GUAYNABO CITY POLICE. I still don’t know what in the world GUAYNABO means, I just guess it is some sort of native proper name… Anyway, I clearly knew what the word “POLICE” was. So I waved at the cops in the car, they stopped and I asked where the City Hall was and the one that was on the passenger seat answered something that sounded like: “see, yo’ sai donde es el City Hall”.  He pointed to his right three or four buildings away across the street and there it was- enormous, white, oh, so classic: the GUAYNABO CITY HALL. I walked towards it like a zombie who follows their victim. Suddenly, I blinked and the big doors appeared in front of me, I opened them, entered and instantly the secretary greeted me and told me that the Mayor was expecting me. I continued along with her through the hallways and into the huge meeting room filled with a giant rectangular table and many comfy chairs, the ones with wheels and everything. We settled down and waited for about two minutes until the Mayor arrived with his escort behind him. He saluted me as if he knew me from high school or something like that, hugged me and all. Then, he took out a folder from his suitcase, opened it and handed me a paper that made my dream almost real: the bill of the purchase of the island-  my island, Puerto Rico. I didn’t even read what was written on the paper. I just copied the figure at the bottom and pasted it on the check inside the box of the amount. I signed, paid, got the key, sealed the deal and voilà. Ready, set, go: construction time!

I remembered my dream and made a mental list of the things I wanted to get done or do or have or see…

Casinos, calypso,

scuba dive, ski, swimming suites

rum, romance,

dance,

wind surfing, walks

late at night

hand in hand

on the beach, bikinis,

“everything that they wanted to do during a vacation”.

And so he did

“everything that they wanted to do during a vacation”,

and so he got

“everything that they wanted to do during a vacation”,

and so he saw

“everything that they wanted to do during a vacation”,

even the snow that really wasn’t snow…

that was like something that reacted like snow when skiing.

He brought it when he, and them, got bored

and so everyone enjoyed,

along with every other one:

each inhabitant of the island,

every tourist,

every policeman,

farmer,

worker,

kid,

old man, woman.

Someone made his dream come true,

someone tried to make de Caríbian the Caribbean,

someone, maybe two, three, four, ten,

seventy, ninety-nine, one thousand

some ones

let “ay, qué rico, art in Puerto Rico” be said.

Maybe we did: you, him, her, me…

maybe we just forgot,

maybe we stopped dreaming,

maybe we let someone stop our dreams… ?

Yes.

No quiero: bizcocho vs. traje de novia

Over the last days at my English course, my classmates and I talked about marriage and shared our different visions, opinions, expectations, wishes and hopes. We discussed whether or not we want to get married; if so, when, at what age; whether or not we would consider having a partner rather than a husband or wife; the economical benefits of marriage; the obstacles after getting married and having children; divorce, weddings, gay marriage, etc. I heard, I said, I listened and I understood, digested and concluded.

I disagreed with some points of view and I thought others were inappropriate and maybe a little irrelevant. For example, someone brought the matter of gay marriage stating that they were against it. Gay marriage should only be judged by the ones who acquire it because it is their reality, their “problem”, as people say. They do not harm anybody or violate any human’s rights and they do not impact their own children’s sexuality, so, what’s the point when bringing that issue? Create controversy? The only thing I am sure of is that they- homosexuals, lesbians, bisexuals, etc. are exactly the same as “us”: same needs, same rights, and that is more than enough to show them some respect. What is that fear that covers our eyes and wraps our hearts? What do we fear? Why? The human race will not become extinct because of some gay couples.

Some people talked about when they would get married. I agreed with someone that questioned why get married after achieving all your goals in life- professionally, educationally, etc., finishing traveling, etc. Marriage, partnership, relationship or whatever “-ship” you want to call it should be about sharing not only likes and experiences but dreams, hopes and more or less some specific ambitions in life that you, as a couple, want to pursue. It should be about helping and supporting each other throughout all those processes, then enjoying and then again working and growing individually and as a whole. And let the cycle roll, if it does not… then conflict begins and we enter the matter of divorce. Like gay marriage, divorce should only be judged by the ones who acquire it, always seriously and maturely and even more cautiously if there are children involved. It should not be the first option but at extreme cases it may be the only one.

After thinking about divorce, one comes back to the roots of marriage: what is its meaning? What is your idea of a partner? What do you want your immediate family to be like? What do you want? What do you need? Marriage is a life insurance, an economical contract, a commitment of loyalty, a family’s first two steps, the discovery of your other half- your balance, the start of your second life preceded by the symbolic ceremony that can last months, years, a decade… all about building that trust that will lead to the papers, the lawyers and back to marriage as a life insurance. I would love to think about marriage as only this: a strict definition created by what I gathered from the exercise although of course, there are hopes and dreams… but those I will leave to my imagination. I prefer being hit by the surprise whenever I’m ready to trust someone and sign the insurance contract of love. I will let myself wonder and imagine yet I will not expect anything because always happens what you least think of.

Pablo Álvarez
Crónica de un cuerpo y dos exhibiciones anunciadas

Primera parte en la guagua

Llegué a la escuela tristona y sin ganas, pero vestidita como una maestra: falda alta color verde-manzana-brillante, camisa blanca-transparentosa con mangas y un cinturón amarillo y turquesa que se cruzaba con mi ombligo. A las ocho y trenta y cinco estábamos en la guagua. Grande, color guineo, y escolar, alborotosa también, escupía gritos y voces de estudiantes que parecía que jamás habían visitado el Viejo San Juan. Yo, más apestada que nunca, me senté con mi mejor amigo e intenté relajarme en la guagua atestada de flashes de cámara confundidos en la luz del sol. Pero no lo logré, los estornudos se multiplicaban y la alergia tumbaba mi sistema respiratorio. Estornudé siete veces y perdí la cuenta. Para no trastearme más los ojos intenté/pretendí dormir recostada del asiento de al frente. Calculé al rededor de quince estornudos y todavía me quedaban rastros de alergia, ojos irritados y deseos de un gran estornudo final. Entre el bullicio y el estrujamiento de ojos ya no puedo más.


En la fila de la tan anhelada exhibición, era de las primeras cinco, estaba contentísima por dentro. Esperamos unos cuantos minutos para entrar y entregar nuestras mochilas y/o carteras grandes. Tenía una mochila roja en la que había invertido diez dólares hacía seis días. Adentro guardaba una carterita con mi monedero de tela, inhalador (soy asmática casi crónica), gotas (demasiado alérgica) y lip gloss hecho en Francia; una cámara de las viejas, buenas, de rollo pero sin rollo porque no me dio tiempo de ir a comprarlo; otra cámara Kodak, digital pero grandesita; una libreta de un tal Javier A. Zapata que me llevé del salón donde me reunía con el Club de Drama del Colegio San Ignacio; varios lápices y una pantalla que hice de un rinoceronte comiéndose una paleta en espiral rosita y violeta. Finalmente me tocó dar mis pertenencias temporeramente y aún no había decidido qué llevaría, me ayudó que dijeron que no se podía tomar fotos. Decidí que me acompañaría mi carterita pequeña, la libreta y un lápiz.


La fila que más duró fue la próxima, la que era para entrar de verdad. Era un salón relativamente pequeño, dividido por vallas de esas que usan para hacer filas bonitas en tiendas y bancos. Allí estuvimos aproximadamente diez minutos y la alergia parecía que seguiría en mí una eternidad. Estuve a punto de estornudar el último estornudo majestuoso cerca de cuatro veces pero las convesaciones a mi alrededor me confundían e impedían que esto sucediera. El deseo de experimentar ese estornudo fue reemplazado por el deseo de entrar. Cuando entré, el deseo de entrar se transformó en deseos de observar, mirar detalladamente, explorar, ver y más que nada, escribir.


La nueva sala era un poco más oscura que la anterior en términos de luces pero las paredes estaban cubiertas por pedazos grandes de telas color verde-menta-mate que compensaban dicha oscuridad. La primera vitrina ya estaba atestada de gente, la segunda, la tercera y la cuarta también. Quedaba la del fondo hacia la izquierda. Ésta contenía un ejemplo del suministro de sangre de los huesos, estéticamente me gustó mucho. Parecía un brazo de bebé color blanco viejo, con la mano cubierta de cablesitos rojos muy pequeños que a su vez aparentan ser ramas de un árbol de plástico.


Luego de visitar esa vitrina, recibimos una mini-orientación que no pude apreciar debido al regreso de los estornudos (conté tres) que intentaban convertirse en el majestuoso.


Visité la segunda vitrina. En ésta se conservaba una escápula (hueso que forma la parte posterior del hombro) de ballena. Parece un ala de mariposa de las que se alojan en los techos de las casas. Moviéndome un poco más hacia la izquierda, veo un cráneo fetal, en su rostro se dibuja un diablillo. Llego a la primera vitrina y concluyo que todo me recuerda animales. La columna vertebral, exactamente una serpiente; la vértebra axis, la cara de un sapo.


El grupo iba disminuyendo, todos avanzaban hacia la siguiente sala, terminé con mis observaciones y los seguí. Lo primero que noté fue que las telas eran distintas, eran color púrpura, se dispersaba un toque misterioso. La alergia regresó, no me dejaba estudiar el cuerpo que hacía una chilena con los músculos por fuera (que parecen churrascos crudos, un poco más rosados de lo común), sostenía el balón de fútbol con el pie derecho. Mientras me dirijo al lado contrario de la sala, me doy cuenta de que en mi libreta se dibujan arco iris brillantes. Miro hacia arriba y no encuentro las luces que los proyectan, inclino la cabeza más hacia atrás y voilà, ahí están. Miro hacia el piso y descubro su propósito, son unos laberintos y patrones extraños que realmente son color crema-resplandeciente, nada de arco iris.


En la vitrina del fondo, a la derecha, hay media cara sin frente y sin cuello que no me llama la atención tanto como el cuerpo que ahora son dos cuerpos que se balancean agarrándose de las manos, como un espejo, sí, es el mismo cuerpo. Uno de éstos es el esqueleto, que es el soporte y el otro se compone de los músculos. Ambos son figuras separadas pero a la misma vez son el cuerpo de una sola persona. Están sujetándose por las manos e inclinándose hacia atrás, como los niños cuando juegan a dar vueltas (en parejas…). Aporta a la exhibición con un toque metafórico. Esta imagen me puso a pensar sobre cómo nos podemos sostener los humanos: nuestro único sustento somos nosotros mismos. Nada es para siempre excepto tú para ti mismo (es necesario reflexionar sobre estos asuntos pero nunca imaginé que en una exhibición sobre el cuerpo humano llegaría a hacerlo).


Continúo hacia la siguiente sala y me encuentro con una de las vitrinas que se convertirían en mis favoritas: ¡la del cerebro! Descubrí que eso de que todo lo que compone al ser humano parece del reino animal es pura ficción que inventó mi cabecita. Mi cuerpo por dentro también parece comida y mi cerebro es casi un salad bar. Por su color y textura pienso en setas de lata (¡tan ricas!), luego pienso en licuadora porque forma de setas no tiene, después pienso en plasticina (muchos pequeñines se la comen) porque se puede moldear fácilmente y finalmente pienso en masa de pizza de microhondas/de supermercado (por debajo) por sus pequeñas montañitas. Pude aguantar uno de tres libras, su suavidad gomosa impedía que observara defectos (serían un éxito si se usaran para hacer bolitas para aliviar el estrés). Y sigo viendo setas en las tres rebanadas de cerebro, en el centro de una de ellas se asoma el rostro de un tigre. Por otro lado, la duramadre, capa externa que sostiene el cerebro y lo divide en pequeños compartimientos, parece papel maché crema.


Mientras continúo merodeando el menú, la alergia me pica la cara, me ataca los ojos y me preguntan que si estoy llorando. ¡Bah! Sonriente contesto con un “no” simple y sencillo. Luego de la interrupción, observo más comida, esta vez pasta en grandes cantidades, dispersada sobre una mesa de aproximadamente ocho pies de largo: lingüini y espaguetis que componen el sistema nervioso e intentan recrear la silueta de su dueño.


Regresa la oscuridad y entro en la siguiente sala: la del corazón. Hay pocas vitrinas, me concentro en la que contiene al virtuoso órgano que nos mantiene vivos tal y como es: majestuoso. Se ve lindo, colorido con su azul de la sangre. Observo las válvulas que abren y cierran repetidamente, diciento “tún-tún, tún-tún” desde su podio.


Me dirijo hacia el próximo pasillo y la luz sigue disminuyendo, el ambiente se torna temeroso. Al final del pasillo se asoma una sala escasamente iluminada por las propias vitrinas donde se conservan miles de arterias encendidas. Parecían lámparas de lava de los 70’s que en vez de contener burbujas, contienen grama de plástico anaranjada, roja y azul.


Sigo ojeando las múltiples peceras, se ponen más bonitas a medida que voy acercándome a la más fascinante, la que atrapa las arterias de un corazón anónimo. Tiene forma de cartera de quinceañero o candado gigante hecho de fideos azul claro, amarillos y rojos (y el mango, mucho más grueso, rojo oscuro). Avanzo, encuentro mi pecera favorita: un pie izquierdo constituido por cablesitos color fresa y azul aguamarino. Parece que estoy en una galería y que la anatomía humana en realidad es arte.


Luego de esta particular y oscura sala, regresamos a la verdura y a los órganos menos llamativos. Entre grises, cremas y marrones observamos los pulmones sanos, de piedra uniformemente gris. Por otro lado, los pulmones de un fumador son piedras más interesantes, están llenos de manchas y cada una de ellas cuenta una historia sobre el cigarrillo y el momento que la produjo. Prosigo hacia la izquierda y se presentan las vísceras extendidas sobre la pared y pienso instantáneamente en un cuerpo, un sombrero y una magnífica pieza couture de ropa. Un cuello largo sostiene el sombrero, cae sobre los hombros de la pequeña persona un chaleco marrón oscuro seguido por una falda de flecos y tiras, finalizado con un gran bombacho de espirales. Al lado, también sobre la pared, cuelga el sistema gastrointestinal, desde arriba hacia abajo: una cabeza de gallina, una pata de flamingo, un pie y una serpiente de diez pies de largo doblada repetidas veces. El resto ya no me impresiona, ni los fetos en los frascos en sus diferentes etapas de desarrollo (no logro digerir que son fetos) ni la mujer “obesa” (tampoco logro digerir que es una mujer obesa pues al no tener las tres cuartas partes de agua de su cuerpo, se ve saludable, ni flaca ni gorda) ni el hombre en rebanadas de pan especial.


El hambre me inca por dentro, son casi las once y media y lo único que queda por ver es la tiendita de recuerdos en donde los botaratos de mi clase ya se amontonan. Miro de reojo durante dos minutos y cuarenta segundos y me voy a buscar mi mochila y esperar ansiosamente por la hora de almuerzo.
Luego de doce minutos, todo el grupo se reune entre el edificio/museo temporal y la calle Recinto sur y nos informan que tendremos desde las 12:00 P.M. hasta la 1:00 P.M. para almorzar en donde gustemos. A la 1:00 P.M. nos reuniremos en la Plaza de Armas para caminar hasta la exposición fotográfica “La tierra vista desde el cielo” en el Paseo de la Princesa.


Decidí comer high fashion y le propuse algunos amigos ir a La Mallorca, aceptaron y comenzamos a caminar hacia la calle San Francisco. Llegamos, nos sentamos, nos trajeron panesillos y agua y leí el menú repetidas veces pero se me hacía imposible decidir, como siempre. Esperé a que los demás pidieran. Me llamó mucho la atención lo que escogió mi mejor amigo: mofongo con pollo en un guiso especial, se escucha delicioso, ¿verdad?


Finalmente, me llené la panza con un riquísimo mantecado de chocolate con trocitos de galleta de Ben n‘ Jerry‘s. Y ya, nada más sobre comida, a caminar se ha dicho que se nos hace tarde.


A la una y trenta y tres aterrizamos en el Paseo de la Princesa. Se veía diferente, atestado de gente, estaba inundado por dos infinitas hileras de fotos gigantes (de un poco más de cuatro pies de ancho y tres de largo). En el centro quedaba un largo pasillo por donde se podía caminar cómodamente.

Miro pausadamente cada foto. Comienzo a ver patrones, mercados de ropa en África, ritmo, balance asimétrico, colores, telas, alfombras, balance simétrico, ¡elementos de composición! Rápidamente doy un salto hacia el futuro y me veo presentando mi espectacular colección Haute Couture inspirada en las fotografías del estelar Yann Arthus-Bertrand.  Claro, dicen que soñar no cuesta nada… (y escribir, tampoco).


Después de esperar un largo rato bajo el sol ardiente (que te fríe la piel y hasta los huesos te sudan) de las dos y cincuenta… Llegamos a la escuela en la misma guagua grande, color guineo, y escolar a las 3:41 P.M. Cansadísimos, cada cual cogió por su lado y dispersos regresamos al sueño de nuestras vidas estudiantiles, comunes y cotidianas.

Materialismo amoroso: flores velas dulce tobacco

Entre el repetitivo cruce de mirada y mirada, una ondulada melodía curiosa se asoma. Los curvos cuerpos se mueven obedeciendo el ritmo de cada corchea, cada fusa fusionada en una cultura lenta. Y entre las luces de las muchas velas que alumbran con vagas chispas los borrosos rostros de los amantes que se quieren tanto pero tanto no están- juntos en silueta pero no en abstracto cariño incondicional; y en el baile como ritual el tiempo se acaba, lo grita cada azote en el suelo de madera que compone el altar donde se posa la dama que con la mejor fonética vomita delicadas palabras que cuentan la historia del tú y yo… de cuando te conocí, del brillo de mis ojos en los tuyos, de las sonrisas de nuestras pupilas mirándose y conversando sobre lo que se esconde tras la cortina del teatro de nuestras vidas: tantas escaleras hemos subido pero más las que se han bajado entre la suma de ellas; mientras, continúa el intercambio de parpadeos: letra por letra, cada una envuelta en un papel de regalo de tela de seda con estampado de flores que te hace recordar que estamos en el ombligo de la primavera, que los amores florecen y crecen en esta época. Pero yo aún te espero, quizás hoy, a lo mejor mañana… espero que no olvides la fecha límite de esta linda temporada.

hoy me preguntaron qué es la realidad

Realidad es el presente, es lo que vemos, escuchamos, tocamos, olemos, saboreamos… es todo lo que sentimos y todo lo que percibimos. Realidad es una (1) aunque existan millones y millones de interpretaciones, de percepciones, de distorciones y tergiversaciones de su figura. Realidad es ahora: el segundo que vuela, el minuto en proceso, la media hora, el medio día. La realidad es la energía que se acaba de consumar. La realidad se esconde tras cada par de ojos, aunque hayan verdades absolutas, hay realidad una y hay realidades millones. Y en ellas está lo bonito.

seamos incrédulos/as

Practicar la incredulidad como ejercio mental de expansión cognositiva… como cuando pequeños: recordemos a nuestros padres tan jodones con su clichoso “cuidado con los extraños”… ahora traduzcamos los famosos “extraños” que tanto nos cuestionábamos quiénes/qué eran, a todo lo que nos enseñan en la escuela, todo lo que escuchamos en la radio, televisor, música, etc. TODO. Y que no sea por vivir en la paranoia constante ni en el anonimato perpetuo sino, al contrario, que nos sirva para crecer, para expandir nuestros saberes. Dejemos atrás la primera fase del “cuidado” y entremos a la del cuestionamiento de qué representan realmente esos “extraños” o esos datos, esa información que recibimos a diario. Tomemos con pinza cada palabra y busquemos más allá de lo que se nos pone al frente. Practiquemos la incredulidad y luego de ello, practiquemos la verdadera búsqueda de la realidad a través de la exploración de los libros, diccionarios, enciclopedias, documentos oficiales y un sinnúmero de cosas tales como entrevistas, documentales, películas, mapas, y otro millón más. Yo invito, practiquemos la lectura.



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